Feria de San Marcos: un país entero concentrado en una sola ciudad

Crónica de un día entre desfiles, caballos, micheladas y familias

Hay ferias y hay rituales colectivos. La Feria Nacional de San Marcos pertenece a lo segundo. No es solo un evento anual ni una tradición regional: es una ciudad paralela que aparece durante unas semanas y transforma el ritmo completo de Aguascalientes. Se respira en las calles, se escucha en la música, se siente en la cantidad de gente que camina sin prisa. Llegar a la Feria significa entender de inmediato que aquí todo ocurre al mismo tiempo.

El cielo sobre Carranza

El día comienza en la calle Venustiano Carranza, una calle que año con año cambia de rostro con la instalación artística que decora este espacio. En 2025, por ejemplo, la obra Aguascalientes cubrió esta vialidad como si fuera un telar suspendido. Esta fue tejida a mano por más de 200 mujeres artesanas del colectivo Cielo Tejido, originario de Etzatlán, Jalisco, y se inspiró en la obra de José Guadalupe Posada y en los colores de los atardeceres hidrocálidos, la obra cubrió 700 metros cuadrados y se conformó por 2,100 carpetas unidas con dedicación y cuidado.

Es 25 de abril, diez de la mañana: día de San Marcos, el más importante de la feria. Las gradas están llenas desde antes de que empiece. Familias completas esperan, niños sobre los hombros de sus padres y vendedores que caminan entre la gente. El desfile avanza con batucadas, carros alegóricos, escuelas, organizaciones y charros que parecen sacados de una postal viva del país.

La reina y las princesas pasan entre aplausos. Los caballos marcan el ritmo. Un hombre mira el espectáculo junto a su esposa y sus hijos: “Lo más bonito es todo”, dice sin pensarlo demasiado. Y tiene razón. Aquí no hay un solo elemento que explique la emoción; es el conjunto. La feria es así: una suma de momentos que no necesitan explicación.

La ciudad que se reconoce en su gente

Aguascalientes presume un lema en latín: Bonaterra, Bonagens, Aqua Clara, Clarum Cœlum,que habla de tierra buena, gente buena, agua clara y cielo limpio. Puede sonar institucional, pero en la feria adquiere sentido.

La gente se saluda, comparte, conversa. Es un ambiente familiar, pero no en el sentido turístico de la palabra, sino en el cotidiano: abuelos, padres, hijos, amigos, todos en grata convivencia.

Incluso algo tan simple como la limpieza sorprende. Aun después de la noche anterior, las calles están cuidadas, los botes de basura funcionan y la gente participa de esa cultura de orden que sostiene el evento.

El corazón: el Jardín de San Marcos

Después del desfile, la feria se traslada al Jardín de San Marcos. Aquí empezó todo hace más de un siglo, y aquí sigue latiendo su origen.

El kiosco en el centro del jardín es un punto de reunión histórico. Familias descansan, turistas toman fotografías, vendedores ofrecen comida. El calor obliga a hidratarse, y el ambiente cambia: menos espectáculo, más convivencia.

Una visitante que llega por primera vez lo resume con sencillez: lo mejor es el ambiente familiar. La convivencia nocturna vendrá después, dice entre risas, pero por ahora la feria consiste en caminar, comer, mirar.

Los “Pájaros Caídos” y la memoria de la ciudad

Entre los senderos del jardín aparecen las estatuas conocidas como Los Pájaros Caídos: figuras que representan a personajes reales de Aguascalientes, muchos de ellos jubilados, trabajadores, figuras populares que formaron parte de la vida cotidiana del lugar.

Cada escultura tiene su historia. Algunas personas aún viven. Otras ya no. Pero todas forman parte de esa memoria colectiva que la feria rescata sin solemnidad. El pasado aquí no se exhibe como museo, sino como conversación.

La Isla San Marcos: una feria dentro de la feria

¿Qué tan grande es la Feria de San Marcos? No se puede dimensionar el tamaño de la Feria hasta que uno llega a la Isla San Marcos: 44 hectáreas de juegos mecánicos, espectáculos, expo ganadera, conciertos y actividades familiares. Aquí el tiempo se vuelve insuficiente. Se podría pasar un día entero y aun así faltarían atracciones por ver.

Aquí las niñas y niños corren entre los stands, las familias observan a los animales de granja en exhibición, las familias se forman para subir a los juegos mecánicas. En una de las áreas, la expo equina muestra caballos de distintas razas. Un Shire, originario de Inglaterra, impresiona por su tamaño y elegancia. Vale cientos de miles de pesos y vive con cuidados casi quirúrgicos. Un poco más al fondo, en la Expo Ganadera, podemos ver borregos, aves, ganado, talleres para niños y actividades que recuerdan el origen rural de la feria.

La feria como experiencia familiar

Aunque la noche sea famosa por su vida nocturna, el día pertenece a las familias. Padres con carriolas, adolescentes, adultos mayores. Todos encuentran un espacio. Hay jaripeos, concursos, terapia con aves, espectáculos gratuitos, comida por todos lados. El visitante entiende que esto no es solo una fiesta: es una plataforma social donde la ciudad se reúne.

Posada y la identidad cultural

En la explanada principal, una enorme figura de La Catrina recibe a los visitantes. José Guadalupe Posada, nacido en Aguascalientes, parece vigilar la feria desde su legado. La ilustración popular, la sátira y la estética mexicana encuentran aquí una continuidad natural. La feria no olvida que también es cultura.

La noche: la otra cara de San Marcos

Cuando cae el sol, la atmósfera se transforma. La zona de bares y antros comienza a llenarse. Micheladas, música, luces, grupos de amigos caminan de un bar a otro; de un antro a otro, o simplemente para conversar y pasarla bien en algún espacio del andador.

Más de ocho millones de visitantes pasan por la feria en poco más de tres semanas. La cifra parece exagerada hasta que se ve la cantidad de personas en movimiento. Los bares sobre el andador conviven con espacios establecidos, con escenarios, con palenques y conciertos. La noche tiene su propio lenguaje: más ruido, más baile y más fiesta.

Una feria que no cabe en un día

Intentar recorrer la Feria de San Marcos en un solo día es imposible. Se necesitan varios. Quizá cuatro o cinco para entender su dimensión completa: el desfile, el jardín, la isla, los espectáculos, la comida, la vida nocturna, pero incluso una jornada basta para comprender algo esencial: la feria no se limita a un programa. Es una experiencia social.

Aquí se celebra la tradición, la convivencia, el comercio, la cultura y el ocio al mismo tiempo. No hay jerarquías entre un concierto gratuito, una charreada o una caminata familiar.

Lo que queda después

Al final del día, cuando la música se mezcla con el murmullo de la gente y las luces transforman el espacio, la sensación es clara: la feria no se explica, se vive. Es México en miniatura. Rural y urbano. Familiar y nocturno. Tradicional y contemporáneo. Una mezcla que no pretende ser perfecta, pero sí auténtica.

La Feria Nacional de San Marcos es eso: un país entero concentrado en unas cuantas calles, donde cada visitante encuentra su propia versión de la fiesta. Y donde, inevitablemente, siempre queda algo pendiente para el día siguiente.

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