De Triana al Arenal: los platillos que cuentan la historia de Sevilla

Comer en Sevilla significa sumergirse en una cultura que celebra la vida en cada plato, en cada bocado compartido sobre la barra y en cada copa que acompaña una buena conversación. La capital andaluza es un mosaico de sabores donde conviven recetas centenarias y nuevas interpretaciones de la cocina tradicional. Desde los bares más antiguos hasta los restaurantes contemporáneos, Sevilla invita a recorrer sus calles con el paladar dispuesto.

1.      Espinacas con garbanzos en El Rinconcillo

Las espinacas con garbanzos simbolizan la identidad culinaria sevillana. Este platillo nace del recetario conventual andaluz, se sirve caliente y condensa en su sencillez todo el sabor del sur: la cremosidad del garbanzo, el punto terroso de la espinaca y el toque de ajo y comino que la perfuma.

Para probarlas en su máxima expresión, no hay mejor lugar que El Rinconcillo, fundado en 1670 y considerado el bar más antiguo de Sevilla. Sus paredes de azulejos, su bullicio y su servicio de barra hacen de esta tapa una experiencia tan auténtica como sabrosa. Aunque casi siempre está lleno, la espera vale la pena: cada bocado sabe a historia.

2.      Pavías de bacalao en El Rinconcillo

Las pavías de bacalao merecen un capítulo aparte. Son trozos de bacalao fresco, rebozados y fritos hasta alcanzar un dorado perfecto, crujientes por fuera y tiernos por dentro. La receta, muy tradicional en Sevilla, se acompaña de una textura ligera y un sabor limpio que evoca Semana Santa y cuaresma.

En El Rinconcillo, las pavías son un imprescindible para quienes buscan esa Sevilla clásica de barra de madera, vinos generosos y tapas servidas en plato de loza. Una muestra más de cómo lo simple, cuando se ejecuta con maestría, alcanza la categoría de arte.

3.      La pringá en la Bodeguita Romero

De los guisos del hogar surge la pringá, una creación andaluza que aprovecha las carnes del cocido -cerdo, chorizo, morcilla, pollo- y que se desmenuzan para servirse sobre un pequeño montadito. En Sevilla, esta tapa se disfruta mejor en la Bodeguita Romero, donde la pringá se presenta con pan crujiente y un relleno que se derrite en el paladar.

Por su puesto, cada casa tiene su versión de la pringá, pero aquí el equilibrio entre las carnes, el punto de sal y la textura es perfecto. Es un bocado potente y sincero, símbolo de la cocina que se hace sin prisas y con memoria. Si buscas el sabor de la familia andaluza concentrado en un solo panecillo, este es tu destino.

4.      Rabo de toro en la Bodeguita Romero

El rabo de toro o cola de toro es un guiso de origen cordobés que Sevilla adoptó con entusiasmo. Se trata de un estofado cocinado lentamente hasta que la carne se deshace sola, impregnada en una salsa espesa y brillante. En la Bodeguita Romero, este plato se convierte en una sinfonía de sabores profundos y textura aterciopelada.

Maridado con una copa de vino tinto o un jerez seco, el rabo de toro resume lo mejor de la cocina andaluza: intensidad, calidez y respeto por el producto. Una experiencia para quienes disfrutan de los guisos que cuentan historias al ritmo del chup-chup.

5.      Carrillera ibérica y salmorejo en la Bodeguita Romero

La carrillera ibérica, suave y tierna, es otra joya de la cocina local. Cocinada a fuego lento con vino tinto o Pedro Ximénez, se deshace sin cuchillo y se sirve acompañada de puré o papas fritas. En la Bodeguita Romero -sí, otra vez este lugar legendario- se sirve una carrillera escandalosamente buena que no necesita adornos para brillar. Y junto a ella, el salmorejo cordobés, espeso y cremoso, también tiene su sitio en las mesas sevillanas. Elaborado con pan, tomate, ajo y aceite de oliva, y coronado con huevo duro y jamón, es la frescura ideal para equilibrar los guisos más potentes.

6.      Solomillo al whisky y pescado en adobo en La Sacristía

Pocas tapas son tan icónicas en Sevilla como el solomillo al whisky. A pesar de su nombre, muchos bares sustituyen el whisky por brandy o coñac, sin que el encanto se pierda: la salsa espesa, con ajo dorado y un punto de licor, abraza el lomo de cerdo y las patatas fritas que lo acompañan.

En La Sacristía, un bar acogedor situado en una de las zonas más turísticas de la ciudad, el solomillo se sirve jugoso, equilibrado y con un aroma irresistible.
Junto a él, destaca el pescado en adobo, marinado durante horas en vinagre, ajo y especias antes de ser frito. El resultado: piezas doradas, aromáticas y con ese toque ácido que despierta el apetito. Un dúo clásico que encarna el espíritu sevillano de compartir y disfrutar sin complicaciones.

7.      Flamenquín y buñuelos de bacalao en Las Columnas

El flamenquín, nacido en Córdoba, encontró en Sevilla su segundo hogar. Se trata de lonchas de jamón envueltas en carne o queso, empanadas y fritas, servidas con papas y mayonesa. En la Bodega Santa Cruz, conocida popularmente como Las Columnas, este plato convive con una infinidad de tapas caseras. Aquí también se sirven los buñuelos de bacalao, pequeños, dorados y esponjosos, que son pura adicción. Comer en Las Columnas es sumergirse en el caos alegre del tapeo sevillano: pedir, apoyar el plato en la barra y disfrutar entre risas, con la Catedral al fondo.

8.      Pescaíto frito y Caballa aliñada en Blanco Cerrillo

Ningún viaje a Sevilla está completo sin probar el pescaíto frito, un clásico que se come con las manos, de pie o sentado, pero siempre con una sonrisa. En la Bodeguita Blanco Cerrillo, especializada en este manjar, los pequeños pescados -boquerones, cazón, chocos- se fríen hasta quedar crujientes y dorados, sin grasa ni exceso. Además, en Blanco Cerrillo también se sirve una caballa aliñada deliciosa, con aceite, vinagre y cebolla. Todo respira frescura y tradición. El pescaíto no solo es un plato: es una forma de vida, un rito de los sevillanos que celebran el sabor del mar en cada bocado.

9.      Papas aliñás en versión sevillana

Aunque nacieron en Cádiz, las papas aliñás ya forman parte de la gastronomía sevillana. Este plato frío se prepara con papas cocidas, cebolla, perejil y un toque de aceite de oliva virgen extra. A veces se les añade atún o huevo duro, pero la clave está en la textura y el aliño justo. Para maridar, te sugerimos un vino blanco o cerveza fresca. En muchos bares del centro de Sevilla -de los de barra de mármol y servilleta al suelo- son el acompañamiento ideal para empezar una ruta de tapas.

10.   Diez restaurantes para disfrutar Sevilla

Para complementar este Top TEN, te compartimos una sugerencia de recorrido por algunos otros restaurantes sevillanos para complementar la experiencia gastronómica.

  • Cañabota, cerca del mercado de la Encarnación, es un templo del mar galardonado con una Estrella Michelin. Su propuesta es una oda al producto fresco: pargo asado, tartar de atún rojo y ortiguillas de mar se preparan frente al comensal en una barra donde cada plato es arte.
  • Abantal, también con Estrella Michelin, es sinónimo de innovación. El chef Julio Fernández Quintero reinterpreta los sabores andaluces con técnica y elegancia: cordero con couscous, lubina con azafrán y un menú degustación que varía con las estaciones.
  • La Azotea aporta frescura y modernidad, con guiños al recetario clásico. Sus croquetas de puchero y tataki de atún son imprescindibles en una carta ideal para compartir entre amigos.
  • En la Antigua Abacería de San Lorenzo, la tradición se respira en cada detalle. Su menú ofrece guisos caseros, chacinas ibéricas y quesos artesanos en un entorno cálido y auténtico.
  • Eslava representa la nueva tapa sevillana: creativa, divertida y popular. Su huevo sobre bizcocho de boletus es ya un clásico.
  • Ovejas Negras combina tapas globales con alma andaluza; un lugar joven, bullicioso y perfecto para quienes disfrutan del tapeo moderno.
  • La Cochera del Abuelo ofrece una experiencia íntima: carrillera en salsa y bacalao confitado con atención artesanal.
  • En Bar Triana, el tapeo más genuino vive entre pavías y pescaíto frito, mientras Lalola de Javi Abascal marca el pulso de la cocina sevillana actual con su arroz de pato y croquetas de rabo de toro.

Una cocina cálida, generosa y eternamente viva

En Sevilla, cada plato es un relato que se degusta con calma: una historia contada entre el aroma del aceite de oliva, el rumor de las plazas y el tintinear de las copas. Comer aquí es una forma de pertenecer y de celebrar lo cotidiano con arte y sabor. Sevilla, capital de Andalucía, demuestra que su cocina es cálida, generosa y eternamente viva, como su gente.

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