El arte de apreciar un vino

La cata de vinos se ha convertido en una tendencia irresistible, atrayendo a cada vez más personas que buscan nuevas experiencias sensoriales. En gran medida, este auge se debe al impacto de las redes sociales, donde catadores y aficionados comparten sus vivencias con vinos tintos, blancos, rosados y espumosos, explorando sus múltiples expresiones y formas de disfrute.

Al adentrarnos en esta cultura, descubrimos que la apreciación del vino es mucho más que un simple pasatiempo: es una experiencia apasionante que, cuando se vive con intención y sensibilidad, enriquece cualquier encuentro, dándole un toque especial a una cita romántica o una reunión con amigos. Degustar un vino es un viaje sensorial, donde los cinco sentidos se entrelazan para descubrir matices inesperados. Además, saber apreciarlo no solo intensifica el placer de la degustación, sino que también eleva la imagen del anfitrión ante sus invitados.

Pensemos en lo siguiente: ¿quién no disfruta de la compañía de alguien que sabe elegir y recomendar un buen vino? Si bien en la vida adulta muchas reuniones incluyen bebidas alcohólicas, pocas veces se aprovecha la oportunidad de organizar un encuentro en torno a una cuidadosa selección de vinos, acompañada de bocadillos o platillos diseñados para realzar cada sorbo.

Por ello, te compartimos algunas sugerencias para dar tus primeros pasos en el arte de apreciar y disfrutar el vino.

1. Antes de alzar la copa

Dedicarse con esmero a alguna actividad supone aprender el lenguaje que lo distingue e identifica. En el caso de la cultura del vino, la primera parte de ese lenguaje consiste en dedicar atención al tipo de uva con la que está elaborado el vino: Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Syrah, etc., pues cada una de ellas, ofrece un gusto diferente al paladar.

En seguida, será importante identificar la casa vitivinícola, pues cada casa les da su propio toque a las reservas. De igual modo, la tierra, la geografía y el clima de la zona donde se encuentra una casa vitivinícola serán factores que incidirán en el sabor de un vino: no será lo mismo un Cabernet Sauvignon cosechado en México que uno proveniente de Francia, Chile o Argentina. Por último, habrá que contemplar el año en que una reserva sale al mercado, pues año con año, las variaciones en el clima provocan que también las cosechas tengan sus particularidades. Al tomar en cuenta estos rasgos tendrás mejores elementos para identificar, reconocer y probar un vino. Además, poco a poco, sabrás cuál es la uva que mejor armoniza con tus gustos o con los platillos con los que acompañarás el vino.

Por otro lado, antes de tomar el vino, es igualmente importante reconocer tres conceptos muy importantes: sabor, acidez y taninos. sabores, la acidez y los taninos.

Cuando hablamos del sabor de un vino, nos referimos a su dulzor y aroma: desde las sensaciones florales, terrosas, amargas e incluso los toques salados o especiados, entre otros. De igual manera, al hablar de la acidez podemos referirnos a la frescura del vino y, por último, los taninos consisten en la estructura y la complejidad del vino. Por supuesto, estas tres características se relacionan profundamente, pues finalmente los taninos aportan amargura y astringencia al vino, que serían rasgos que bien pudiéramos relacionar con el sabor y, en cierto modo, la acidez.

2. Fases en la cata de vino

Volvamos a la cuestión del ritmo y la atención: al ajustar la manera en la que nos acercamos a un vino, abrimos la puerta a una experiencia completamente nueva, llena de matices que solo pueden percibirse con los sentidos bien enfocados. Para ello, es importante distinguir tres fases esenciales:

Fase visual. Vierte una pequeña cantidad de vino en la copa, sujeta la copa por el tallo para no calentar la bebida, levántala y observa el líquido con atención. Balancea y gira con suavidad. Contempla el color, el brillo, la transparencia y la viscosidad. Con este movimiento, ¿se forman lágrimas o piernas en las paredes del cristal? Estos detalles revelan pistas sobre la composición y estructura del vino.

Fase olfativa. Acerca la copa a tu nariz e inhala profunda y lentamente. Intenta ponerle nombre a los aromas que percibes: frutas, flores, especias, maderas o hierbas. Tal como escuchamos el sonido del mar en un caracol, el vino habla a través de su aroma, reflejando la variedad de la uva, su origen, el añejamiento y su carácter distintivo.

Fase gustativa. Toma un pequeño sorbo y deja que el vino recorra tu boca lentamente. Permite que sus sabores se desplieguen y trata de identificar sus características: ¿Es dulce, ácido, amargo o salado? ¿Evoca el sabor de alguna fruta, especia o dulce? ¿Te recuerda a algún momento particular? Observa su intensidad y equilibrio, cualidades clave en los buenos vinos. Después, bébelo y espera unos instantes: el sabor que permanece en tu boca se conoce como retrogusto, y puede ser sutilmente parecido al vino o completamente diferente, ofreciendo una nueva dimensión de la experiencia.

3. Recomendaciones

Como mencionamos antes, una cata será tan buena como su planificación y los detalles que la rodean. Te compartimos algunos aspectos que conviene tomar en cuenta:

  • Crear la atmósfera ideal. Además de la selección de vinos y aperitivos, cada elemento influye en la experiencia: la temperatura, el espacio, los sonidos del ambiente, la compañía y el momento del día. Lo ideal es optar por un lugar fresco y templado, música suave y un horario en el que tú y tus invitados puedan relajarse sin interrupciones.
  • Elegir la cristalería adecuada. Una buena selección de vinos requiere la cristalería correcta. Si todos los vinos son tintos o blancos, puede ser suficiente enjuagar la misma copa entre cada uno. Sin embargo, una cata con vinos diversos puede requerir copas distintas, ya que cada tipo de vino se beneficia de un diseño específico, al igual que un buen corte de carne se acompaña con el cuchillo adecuado.
  • Atender el maridaje. Si la cata es parte de una comida o cena, los vinos deben complementar los platillos. La clásica regla de tintos para carnes rojas y blancos para carnes blancas sigue siendo una guía útil. Pero si el vino será el protagonista de la experiencia, los bocadillos deben ser sutiles y neutros, evitando que interfieran con la degustación.

4. Algunas creencias y prejuicios

  • Aprender a catar vinos no es un camino al alcoholismo. Al contrario, es un ejercicio placentero de autocontrol y apreciación sensorial.
  • Un vino viejo no siempre es mejor. Aunque el precio pueda sugerir lo contrario, una cosecha antigua no garantiza la calidad ni que sea la mejor opción para la ocasión.
  • Lo mismo ocurre con los vinos jóvenes y accesibles. No descartes un vino solo por ser más reciente o tener un precio razonable; la calidad depende de múltiples factores. Confía en tu criterio y experiencia más que en el costo de la botella.
  • Cuidado con las recomendaciones interesadas. A menos que tengas confianza en un sommelier o un encargado de cava, muchas sugerencias pueden responder más a estrategias de venta que a una recomendación genuina.
  • No hay atajos ni fórmulas absolutas. La creciente popularidad de la cata de vinos ha generado una oferta amplia de cursos y talleres, pero como en muchas otras cosas que valen la pena, el aprendizaje es gradual y no hay hacks para convertirse en experto de la noche a la mañana.
  • Tomar notas es una excelente práctica. Registra bodegas, cosechas, aromas y sabores. Con el tiempo, estos apuntes se convertirán en una guía personal invaluable, ya sea en una libreta o en una nota en tu celular.